La soledad del editor de fondo

"Escribir es picar piedra", me dijo un amigo que tiene varios libros publicados. No se equivocaba, si se entiende que el escritor no sólo escribe; también edita y comercializa sus obras. Hablo, claro está, del escritor desconocido, no del capaz de vender a lo grande. 

Escribir en sí es lo más absorbente y subyugante que he hecho en mi vida. Cuando escribo pierdo la noción del tiempo, sólo necesito café. A veces me olvido hasta del café. Es un acto solitario, pero nunca me he sentido solo escribiendo. 

Otra cosa es el resto de labores. Editar es una pelea constante con los organismos públicos y privados que controlan qué y quién escribe y edita; con la corrección, maquetación, distribución y venta. En todo esto sí que me siento a veces muy solo, pese al gran equipo humano que ha tenido a bien apoyarme en esta aventura.

Tengo una ventaja respecto a los editores al uso: no pretendo vivir de esto. Si cubro gastos con las obras que publique, seré feliz. Si no, también; aunque un poco más pobre. 

Este objetivo es modesto pero alcanzable. Por eso sé que voy a seguir editando, aunque a veces me sienta algo solo. Esto no es un sprint: es una carrera de fondo. 

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