No voy a la playa en verano. 

No voy a playas en verano, porque no me dejan ir con mi perrita Olga. Sé que muchos ignoran la prohibición de llevar perros a las playas hasta mediado septiembre. "Ignorar" en su doble acepción: no la conocen y/o se la trae al pairo.

Pienso que deberían liberar algunas playas o acotar zonas, pero cumplo la ley. Las dos veces que he ido a playas de Noja en todo el verano, además de echar de menos a Olga veo a otros perros disfrutando con sus dueños. Y claro, me pongo de mal humor pensando que soy el único tonto. Acabo odiando a esos dueños, envidiando su relajo... y sueño que viene la policía, les multa y los detiene, dejando en la playa la nevera cargada de cerveza helada para mí, como premio por buen ciudadano. 

No voy a playas, me obsesiono con los ciudadanos que no cumplen. Voy a una ría cercana a mi casa cántabra, donde mi perra es bienvenida. Allí persigue gaviotas, juega con cangrejos, cruza nadando a mi lado los meandros que deja  la marea baja. Llegamos a calas escondidas donde la escasa gente se saluda y los perros juegan al pilla pilla, felices. Aunque no siempre sale todo bien... ya os contaré mi reciente experiencia. 

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